domingo, 3 de marzo de 2013

Cómo superé el miedo a volar



La primera vez que viajé en avión tenía 4 meses. Pero esa no cuenta. Así que digamos que la primera vez que viajé en avión tenía 20 años. No tenía nada de miedo y no entendía por qué otras personas lo tenían, ya que era un medio de transporte como cualquier otro. Viajé por Lapa 4 meses después del accidente y tampoco eso me asustaba (pensaba que las probabilidades de que hubiera otro accidente eran bajísimas). El trayecto era Córdoba-Buenos Aires-Villa Gesell y de vuelta. Los primeros minutos venían bien, pero en un momento me asusté con las turbulencias, y la sensación de vacío en el estómago cuando el avión pierde altura no me gustó para nada. Llegamos a Aeroparque y fui directo al baño. Ahí entendí la expresión "estar cagado". Los restantes tres vuelos fueron tranquilísimos pero yo estaba tensa como una cuerda a punto de cortarse.

Desde ese momento, cada vez que me imaginaba arriba de un avión, me mataban los nervios. Creo que los viajes importantes que iba a hacer y que no se dieron (a Italia con mi hermana, a Colombia con el coro) fueron boicoteados mentalmente por mí para no tener que viajar en avión. Dos veces me regalaron viajes dentro de Argentina que no acepté. Todas mis vacaciones fueron planeadas por acá cerca, y el viaje a Inglaterra nunca llegaba porque "no tengo plata", "no tengo tiempo", "no tengo con quien ir". Mentira. Excusas.

Pensaba que la solución iba a llegar mágicamente, que cuando alguien me pusiera en la mano un pasaje a Londres no iba a poder decir que no y de alguna manera lo iba a superar. Mientras tanto, seguía pasando el tiempo y me moría de bronca al ver cómo mis conocidos viajaban por todas partes.

Un día decidí a hacer terapia, pero el psicólogo se enfocó en otros asuntos y no en mi fobia. Terminó diciembre y decidí abandonar porque nada había cambiado.

Empecé a buscar destino para mis vacaciones. La patagonia era mi intención, pero mientras averiguaba, mi cuerpo me decía "tengo ganas de andar al sol con poca ropa". Ir a Brasil por tierra no me entusiasmaba mucho, pero en avión no iba a ir ni loca. No estaba preparada. El verano siguiente capaz que sí, luego de haber cambiado de terapeuta.

Una tarde, mientras hacía tatetí entre Bariloche, Mar del Plata y Florianópolis, mi mamá me preguntó "¿no querés venir con nosotros a Río de Janeiro?". "Bueno", le dije. Sin pensarlo, sin resistirme. No sabía cómo iba a hacer, pero tampoco tenía miedo. Todavía no entiendo cómo fue que pasó eso, algo que hasta hace poco habría resultado imposible para mí.

Una vez que tuve los pasajes en la mano, fue todo más real. La primera noche no dormí. Si bien estaba bastante más tranquila que lo que habría estado un año antes en la misma situación, cada tanto me imaginaba la sensación de estar volando y se me cerraba el estómago. En ese mes y pico hasta que viajé, eché mano de todos los recursos posibles para tranquilizarme (muchos, si alguno está interesado me avisa y le cuento), porque pasaban por mi cabeza las imágenes más horrendas que se les puedan ocurrir. Llegué al día bastante serena.

Sabía que me iba a tomar un Rivotril pero tenía miedo de que el miedo (valga la redundancia) allá arriba fuera tan grande que no me hiciera efecto. Cuando estábamos caminando hasta el avión (re tercer mundo eso de caminar por la pista) mi papá me preguntó si me sacaba una foto y casi me largo a llorar. Mientras me sentaba pensaba "¿¿Qué carajo hago acá?? No puedo hacer la boludez de bajarme. AAAAHHHH". Dicen que tenía cara de loca, pero despegó el avión y no lloré ni grité. Me puse a hablar con mi papá de lo que había estado leyendo acerca de cómo vuelan los aviones, me fui calmando, cerré los ojos, me imaginaba que iba viajando en colectivo, miré San Pablo desde arriba, saqué fotos, filmé. A punto de aterrizar el avión volvió a levantar vuelo porque no sé qué problema había en la pista, y no se me movió un pelo. Segundo vuelo, ya me senté del lado de la ventanilla. Fui al baño, me peiné, me dije que estaba volando a no sé cuántos metros del suelo pero no me asusté y me seguí peinando. Nada de imágenes horrendas ni pensamientos negativos. A la vuelta, mínimos nervios, los mismos que tendría si tuviera que hacer un viaje largo en auto. Me obligaron a tomarme la pastilla antes, pero fue mejor porque estaba super tranquila ya desde el despegue, y hubiera dormido si no fuera por el frió, la incomodidad de los asientos o la rompepelotez de las azafatas.

"Lo hicimos", me dijo mi papá cuando llegamos. Es que a lo largo de los años me insistieron tanto para que me animara, que al final fue un triunfo de todos.

Ahora quiero viajar de nuevo. Yo que creía que la terapia no había funcionado.

Y puedo tachar de la lista una de las cosas que esperaba hacer este año.


12 comentarios:

Alicia Seminara dijo...

Muy bien! Entonces ahora vas a venir a Londres? ;)

Marga dijo...

¡Qué bueno! Me alegro mucho.
Saludos.

† El club de los corazones rotos † dijo...

Que bonito...me alegro muchisimo por vos..es un logro que no tiene vuelta atras, felicitaciones! =)

Sil dijo...

Alicia: siiii :)

Marga: gracias!

Sandra Montelpare dijo...

Felicitaciones por "animarte a despegar" diría SM SNM.
Beso va, Sil

Sil dijo...

Club, Sandra: gracias :)

Xarnego dijo...

Yo nunca tuve esa sensación.
Siempre supe que hay gente y muy dispar que tiene miedo a volar.
Pese a todo creo que es una de las formas más seguras de viajar.

Me alegro por ti, valió la pena , ¿Verdad?

Sil dijo...

Xarnego: claro que sí!

LUIS GUADALUPE dijo...

Hola Sil. Te felicito por haber superado este impase que tenías para volar en un avión.

En mi caso, la primera vez que volé en un avión fue en el 2008 a Chile para ir al concierto de QUEEN + Paul Rodgers, y tenía cierto recelo porque era la primera vez que lo hacía. Pero una vez que estuve dentro del avión, todo estuvo tranquilo.

Un abrazo a la distancia.

LUCHO

Un Poco Rara dijo...

Excelente! Celebro la pérdida del miedo y te deseo felices viajes! :)

Sil dijo...

Lucho: un motivo más que bueno para que te hayas animado a tu primer viaje! :)

UPR: gracias!

Andrea Carolina GarciaHerreros Neilson dijo...

Hola! me encantó tu experiencia! Tus pensamientos iniciales también los tenía/tengo. Algunos años volé sola sin ningún problema (con ayuda de una pastillita para el vacío al despegue) y luego lo dejé por las razones que comentabas (miedos infundados) y bueno, mañana tengo un vuelo (después de dos años) y aunque estoy algo nerviosa, se también que se convertirá en una gran experiencia y en un reto superado! Muchas gracias por compartir tus vivencias...me sentí muy identificada.
Puedes leer algo de mi blog en carolina.garciaherreros